En mi opinión la propuesta de establecer una Zona Franca en La Araucanía representa una gran oportunidad para hacer crecer y activar la economía de una de las regiones más postergadas de Chile nuestra Araucanía. Este tipo de proposición e instrumento económico, ya ha sido probado con éxito en otras zonas del país como Punta Arenas e Iquique, es una oportunidad convertirse en un gran motor y generador clave para la inversión, el empleo y la inclusión social en el sur del país.
¿Pero en qué consiste una Zona Franca? Se trata de un área geográfica delimitada donde las empresas pueden operar con beneficios tributarios y aduaneros especiales. Estos incluyen la exención o reducción de impuestos a la importación, facilidades para la exportación, incentivos para la instalación de empresas manufactureras, logísticas y de servicios, y normativas laborales más flexibles. Todo esto con el objetivo de atraer inversión privada y pública para fomentar la actividad económica.
Aplicado a La Araucanía, este modelo permitiría diversificar su matriz productiva para la inversión e reinversión en la zona, reduciendo las tasas de desempleo y generar oportunidades laborales reales para miles de personas. Sectores como la agroindustria, los servicios, el comercio internacional, el turismo y las tecnologías verdes podrían consolidarse con mayor fuerza. Además, atraería capitales nacionales y extranjeros que hoy dudan en invertir en una región marcada por la desigualdad estructural y la falta de oportunidades.
Más allá de los beneficios económicos, una Zona Franca puede tener un efecto positivo en la sociedad. La generación de empleo formal, el aumento de los ingresos familiares y la mejora en la infraestructura regional contribuirían a abrir nuevos nichos laborales y económicos, dando oportunidades a muchas personas que hoy contando con capacitación y educación formal no encuentran cupos laborales. Por todo lo mencionado anteriormente indirectamente podría disminuir la tensión social y económica avanzar hacia el desarrollo y crecimiento. No se trata de una solución inmediata a los problemas históricos del territorio, pero sí de un gran paso concreto hacia un modelo económico más justo e inclusivo que potencie esta región.
En definitiva, apoyar la creación de una Zona Franca en La Araucanía no es solo una apuesta económica, sino también una decisión política y social orientada a saldar una deuda pendiente con la región. Es momento de dejar de mirar hacia otro lado y dar pasos decididos hacia una descentralización real y un desarrollo justo, que hemos tenido pendiente durante mucho tiempo en esta región.
Sergio Cabrera Merino, precandidato a Diputado independiente.









